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¿Por qué estamos equivocados? (Reflexiones sobre la Verdad y el Poder)

Para analizar la realidad política hay que encararla. Si el enfoque no genera polémica, es porque no está tocando el nervio de la actualidad. En medio de las disputas sobre la legitimidad de Javier Milei, las negociaciones en el Congreso o los movimientos en los tribunales, los bandos suelen nublar el juicio. La verdad siempre es compleja, pero el análisis político tiene una misión: debe simplificar el caos para que luego cada individuo pueda complejizarlo según su capacidad.

No es necesario caer en el reduccionismo de Guillermo Moreno, pero el que no logra simplificar, no logra comunicar.

En Argentina, la división entre peronismo y antiperonismo no es un error de lectura, es una realidad biológica: ambas identidades se justifican desde el corazón más que desde la razón. Esto encastra perfectamente con la era del algoritmo: en este ecosistema, quien despierta pasiones habita el presente; los demás solo están «durando» entre los vivos.

Retomando la pregunta del título: no es que todos estén equivocados, es que en la política argentina todo es contrastable. Basta con preguntarse ¿Quién se opone a quién? para encontrar un punto de vista ajeno al relato oficial de cada bando. Que cada punto de vista tenga asidero es, por supuesto, otro cantar.

Permítanme una provocación: en la arena pública, quien reúne mayor legitimidad es quien tiene la razón. Si el apoyo masivo está de tu lado, tenés la verdad en tus manos, al menos de forma temporal. Hoy, un medio de comunicación ya no alcanza para formar opinión; los consensos universales han sido ultrajados por foros de internet donde los sectores más descarnados opinan sin filtro. Estos nuevos actores son tan corrosivos para la democracia como lo fueron aquellos medios de comunicación que, hasta el 2001, se dedicaban a «golpear» presidentes.

Debemos ser claros: la democracia tiene deudas y hoy cruje bajo la demanda de inmediatez de más de la mitad de los argentinos que, por cuestiones demográficas, nunca conocieron una dictadura. Aun así, es el único sistema capaz de legitimar periódicamente a los gobernantes y renovar las expectativas de consenso. En este juego, nadie que carezca de espalda social podrá sentarse a negociar políticas públicas o beneficios individuales. Por eso, la justificación importa: cuidemos nuestro estado de ánimo porque las ratas se rien de nosotros.

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