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¡Cuerpo a tierra que ahí vienen los nuestros!

Por Santiago García Scardigno

En la política del siglo XXI, donde los liderazgos populistas han perfeccionado el arte de conectar con las vísceras del electorado, las alternativas republicanas y de gestión suelen sucumbir ante un mal invisible: la autofagia de las estructuras. El verdadero obstáculo para construir una mayoría ganadora no siempre es el adversario externo, sino la resistencia interna de quienes prefieren ser dueños de un sello pequeño antes que parte de un proyecto grande.

El bastón como arma de exclusión

La construcción de mayorías exige, por definición, amplitud y tolerancia a la diferencia. Sin embargo, es frecuente observar en las dirigencias actuales el uso de un «bastón ideológico» no para guiar o dar soporte, sino para golpear a los pares. Este comportamiento revela una patología del poder: la de aquel que, sintiendo amenazado su lugar en la estructura, utiliza la pureza doctrinaria como un garrote para purgar disidencias.

Esta conducta es el síntoma inequívoco de quien ha dejado de hacer política para dedicarse al negocio de la representación. Mientras el populismo avanza simplificando problemas complejos para seducir a las masas, las estructuras tradicionales se enredan en una guerra de guerrillas interna, priorizando la conservación de privilegios sobre la vocación de gobierno.

La trampa del purismo en la era del espectáculo

Para enfrentar alternativas populistas, se requiere una construcción política que sea, a la vez, sólida en sus valores y flexible en su alcance. Las mayorías se construyen con los que faltan, no con los que sobran. Cuando un sector (que no gobierna) se repliega sobre sí mismo y utiliza el reglamento o la ideología para blindar su parcela de poder, está firmando su acta de irrelevancia electoral.

El negocio frente a la política:

  • La política busca sumar voluntades para transformar la realidad.
  • El negocio busca achicar el espacio para que la repartición de beneficios (cargos, influencia, presupuesto) sea entre menos manos.

Construir para ganar o resistir para perder

Las alternativas ganadoras del nuevo siglo no pueden permitirse el lujo del fuego amigo. El populismo domina la escena porque ofrece una identidad clara y una dirección unificada. Frente a eso, una oposición que gasta sus energías en mecanismos de exclusión interna es una oposición funcional al statu quo.

Quienes hoy empuñan ese «bastón» para marcar territorio en lugar de abrir camino, deben entender que en política la inmovilidad es retroceso. Si la prioridad sigue siendo proteger la estructura contra los propios, el resultado será siempre el mismo: una derrota digna pero estéril.

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