Por Lorenzo Scarazzini Feijóo

“Se advierte regresión e insensibilidad. Una persona no es privada de su libertad sólo cuando sufre prisión, sino cuando no realiza un acto por temor a la represión injusta…»
Solo para dar un poco de contexto: según diferentes testimonios, el presidente Raúl Ricardo Alfonsín, junto a un periodista con el nombre de Mario Monteverde, tenían una revista llamada Inédito que, entre 1966 y 1972, logró mantener viva la reflexión política en tiempos de censura y represión de la dictadura de Juan Carlos Onganía. Alfonsín escribía artículos bajo el nombre de Alfonso Carrido Lura.
Vayamos a lo importante. Alfonsín, en uno de sus artículos en la revista Inédito, publicado en abril de 1967, dijo algo que, para mi entender, es muy importante:
“Se advierte regresión e insensibilidad. Una persona no es privada de su libertad sólo cuando sufre prisión, sino cuando no realiza un acto por temor a la represión injusta. Una persona es privada de su libertad cuando, por temor a la miseria, debe tolerar condiciones injustas en su trabajo o renunciar a defender sus derechos”.
Creo que este fragmento, escrito en 1967, hace ya cincuenta y nueve años, tiene un alto contenido de actualidad, no solo por las democracias devenidas totalitarias alrededor del mundo, sino también por la falta de democracia en muchos países conocidos por su histórico dilema para llevar a cabo elecciones libres.
Pero, en vez de concentrarnos en la democracia de otros países (lo cual está perfecto), primero hagamos una autocrítica a la democracia en Argentina, específicamente en el norte del país. En provincias como Formosa, la cual tiene al mismo gobernador desde el 10 de diciembre de 1995. A la fecha, lleva más de 30 años ininterrumpidos; esto demostraría que un principio básico como el de la alternancia política no se respeta en esta provincia, y ni hablar de las dificultades de ser oposición política.
Pero esto también podría trasladarse a otra provincia en el corazón del norte argentino, Santiago del Estero, que, si bien cuenta con un mínimo de alternancia en las personas (tres) a cargo de la gobernación, aún así gobierna el mismo partido político desde el 2005 en toda la provincia, con una mayoría casi absoluta.
Quiero hacer énfasis, más específicamente, en la oposición política. Qué difícil es ser opositor cuando de lo único que todos hablan es de cómo todo va a seguir igual. El miedo de la gente (que cada año es menor): ¿miedo a qué? A quedar sin trabajo, a dejar a sus hijos sin un banco en algún colegio, y muchas veces a afectar a familiares que trabajan en algún hospital o establecimiento público. Todo esto es una parte de la realidad de muchas provincias y países.
Pero ser opositor es algo muy difícil, porque si la gente tiene miedo, se imaginarán el miedo de un político opositor, ¿no? El miedo a la persecución política, a la falta de acompañamiento de la gente, el miedo de sus familias a quedar afectadas por la política cuando ellos no tienen nada que ver en todo esto. La injusticia de que todo esto no se haga público por muchas razones, a veces por medios que, por intención o no, miran hacia otro lado.
El acompañamiento de la familia es muy importante: es lo único que te da fuerzas en momentos donde todo parece más oscuro. Las críticas hacia el opositor por parte de los cercanos son, a veces, muy buenas para hacer autocrítica y mejorar políticamente, pero así como ayudan, otras veces hacen sentir como que estás solo, en contra de todo esto que se normaliza para muchos, cuando claramente no es normal.
En definitiva, lo que decía Raúl Ricardo Alfonsín sigue totalmente vigente. El miedo no es infundado, nace de medidas ejemplificadoras que se toman contra alguna amenaza al régimen para que sirvan con ese fin; no necesitan ser de alcance universal (a todos), basta con que las que se toman contra algunos sean conocidas por todos. Esa idea de que la libertad también se pierde por el miedo se refleja en muchas de las situaciones que mencioné: cuando las personas no se animan a expresarse, a participar o a reclamar por temor a las consecuencias.
Por eso, hoy debemos empezar a construir una democracia cada vez más consolidada en nuestro país y en el mundo. Hay que aprender a respetar la opinión del otro. No se trata de peronistas, radicales o libertarios cuando se habla de amistad, familia y democracia.













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