Por Santiago García Scardigno

Aclaración inicial: «El Cambio» no es algo que Milei utilice como herramienta discursiva, pero así lo interpreta la gente; de hecho, la sociedad siente que eligió a un gobierno nacional opuesto al peronismo.
La política argentina suele analizarse con mapas del pasado, pero la realidad material ha cambiado. Si bien el peronismo ha construido un ecosistema de poder permanente en la justicia, los gremios, los medios y el relato, hoy asistimos al agotamiento estructural de sus pilares históricos. Este desgaste, combinado con el rumbo errático del experimento libertario, abre una ventana de oportunidad única para una alternativa institucional.
1. Los límites del blindaje: Cuando la corrupción rompe el pacto
La tesis de un Poder Judicial colonizado por mayorías parlamentarias peronistas choca contra una realidad ineludible: las condenas firmes a sus principales dirigentes. Esto demuestra que el blindaje no es absoluto. Cuando los niveles de corrupción se vuelven tan burdos y obscenos, la acumulación de pruebas vuelve imposible la tarea de tapar el sol con la mano. La presión de la sociedad y el propio instinto de supervivencia de sectores de la justicia terminan rompiendo el pacto de impunidad. El relato de la «persecución política» se desmorona frente a los datos duros de los expedientes.
2. Gigantes de barro: La devaluación del músculo sindical
El mito del sindicalismo como el gran freno de mano del país también ha caducado. La CGT y las grandes estructuras gremiales ya no tienen la capacidad real de paralizar la Argentina.
- El cambio demográfico: Este declive no es una anomalía política, sino un cambio sociológico. Hoy, los trabajadores sindicalizados son una minoría en el mapa laboral argentino.
- Nueva mayoría: La masa trabajadora actual está compuesta por informales, cuentapropistas, monotributistas y jóvenes metidos en la economía de plataformas. A este universo, que vive del día a día, un paro general no lo representa; al contrario, lo perjudica. El sindicalismo tradicional se ha transformado en una corporación que defiende privilegios de pocos, perdiendo la legitimidad de la calle.
3. La oportunidad histórica para la alternativa
Este triple colapso del peronismo estructural (juzgado por la ley, debilitado en las calles y desmentido por Google) ocurre en simultáneo con la devaluación de la sencación «cambio» por parte de Javier Milei. Con un gobierno que ajusta y hambrea mientras adopta las mismas prácticas opacas de la vieja política, el oficialismo corre el riesgo de quedar huérfano. Ademas, Mauricio Macri limándole votos por derecha para forzar una derrota libertaria ante el PJ es un peligro real, pero no el único.
Acá es donde aparece la oportunidad histórica para quienes defienden una alternativa de centro republicano y racional:
Estimo que cuando el cambio se vuelve sinónimo de caos y el viejo orden ya no puede asegurar la impunidad ni el control de la calle, la sociedad no busca una revolución, busca previsibilidad. Las grietas del peronismo y el fracaso moral del oficialismo dejan el centro del tablero vacío. Esto no significa, ser discursivamente tibios o similares a los extremos.
Si las fuerzas institucionalistas —como el radicalismo o el PRO— logran abandonar la inacción y entienden que el peor enemigo es el interno, pueden capitalizar este momento. No se trata de ofrecer el «cambio» devaluado de Milei, ni la «resistencia» corporativa del PJ. La oportunidad radica en ofrecer orden real, decencia institucional y progreso sustentable. Quien logre llenar ese vacío con propuestas concretas para esa mayoría de trabajadores no sindicalizados y jubilados espantados tendrá chances de vencer a los extremos.













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