Por Santiago García Scardigno
La política argentina ha entrado en una fase donde la contradicción no es un error, sino una herramienta de diseño. La reciente irrupción de Diego Recalde en las plataformas de comunicación oficiales (como el canal «Carajo») desplegando un arsenal de contenido «ultra gorila», no es un arrebato de honestidad histórica. Es, en rigor, una operación de Realpolitik bastante mas compleja.

Ver a un cineasta alineado con el oficialismo reflotar el «único» genocidio argentino (Masacre de Rincón Bomba) los vínculos de Perón con Massera y Videla, el «autogolpe» del 76, o los abusos sexuales cometidos por Perón a estudiantes de secundaria, genera un cortocircuito lógico: ¿Cómo se explica este discurso en un gobierno que se nutre de cuadros menemistas y que tiene al peronismo como aliado parlamentario y sindical?
La respuesta es metodología histórica: para heredar la estructura, primero hay que demoler el mito.
1. El mito como barrera de entrada
El peronismo, como bien sabemos, tiene la capacidad de ganar en primera vuelta gracias a su mística. El oficialismo entiende que, para «morder» esa base social, debe quitarle al votante el «lugar cómodo» de la historia. Recalde no le habla a los historiadores; le habla a la juventud tecnológica. A esa Argentina cuya edad media es de 32 años (es decir que hay la misma cantidad de personas por encima que por debajo de esa edad) y que no arrastra los prejuicios de sus padres. Para este segmento, el relato de Recalde no es revisionismo, es «contenido» que desarticula al adversario. Al caníbal no te lo podés comer, lo tenés que combatir con sus propias sombras.
2. El enemigo real y el enemigo útil
Aquí surge la gran paradoja: mientras Recalde ametralla al peronismo en YouTube, el Gobierno señala a los dialoguistas como verdaderos enemigos. No es un error de cálculo. El peronismo es un enemigo útil; es el espejo donde el oficialismo se mira para reafirmar su identidad. En cambio, la UCR/PRO/CC representan a las FORMAS y la burocracia republicana, algo que estorba la inmediatez del algoritmo libertario.
Atacar, por ejemplo, a la UCR es atacar el freno de mano institucional. Atacar a Perón a través de Recalde es, simplemente, bajarle el precio a la editorial del oponente para que, cuando llegue el momento de negociar con los gobernadores del PJ, estos lleguen con la guardia baja y el relato herido.
3. La anomalía como normalidad
Estamos ante un gobierno que aplica la máxima de que «cuando la anomalía es una constante, pasa a ser la nueva normalidad». Es normal que un funcionario sea peronista y que, al mismo tiempo, el canal oficial del Estado llame genocida al fundador de su movimiento. Es el triunfo de la post-coherencia. En la era de las pasiones digitales, a nadie le importa si vas o venís; lo que importa es quién despierta la emoción más fuerte en el presente.
Conclusión para el búnker
Diego Recalde es un «gorila por conveniencia» porque le provee al oficialismo el RELATO que la gestión fría no puede dar. Provee la nostalgia invertida, el «secreto revelado» para una generación que busca culpables.
Mientras tanto, los que defienden a las instituciones deben entender que la inacción nunca beneficia al que se queda quieto. Si el oficialismo usa el pasado para dinamitar a un falso adversario, la verdadera oposición debe dejar de ser un «moscardón» conflictivo para intentar ganar la partida. No hay cielo que dé perdon para el que oficia de gusano.











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