Hay historias de nuestro país que no envejecen, sino que queman cada vez que se vuelven a tocar. Esto es lo que pasó en las últimas horas tras viralizarse un fragmento donde José Larralde recuerda con mucha bronca los momentos posteriores a la muerte de su gran amigo Jorge Cafrune, en pleno verano de 1978. Su testimonio no solo sacudió las redes, sino que volvió a poner sobre la mesa una de las polémicas más oscuras y dolorosas de la cultura argentina.
En el video, Larralde relata la desesperación y la furia que sintió al chocar de frente con las trabas y las negativas de las autoridades militares de la dictadura cuando buscaba un lugar digno para velar al cantor jujeño. No fue un simple trámite frustrado; el relato expone el clima de miedo, control y arbitrariedad de una época donde el poder militar metía mano incluso en el último adiós de un ídolo popular. La palabra de Larralde tiene un peso ético enorme en el ambiente: fue Cafrune quien, admirando profundamente su obra, grabó varias de sus composiciones y lo impulsó en sus comienzos.
Para dimensionar el revuelo, hay que entender el magnetismo que tenía el «Turco» Cafrune. A fines de los 70, ya era un símbolo gigante de la identidad criolla. En enero de 1978, desafiando abiertamente la censura del régimen, se subió al escenario de Cosquín y cantó «Zamba de mi esperanza», un tema que estaba estrictamente prohibido por los militares. Días después de ese cruce, inició una cabalgata histórica hacia Yapeyú para homenajear a San Martín. En la noche del 31 de enero, mientras avanzaba a caballo por la Ruta 27, fue embestido por una camioneta y falleció a las pocas horas.
Aunque los partes oficiales de la época lo archivaron como un accidente vial en circunstancias trágicas, la duda quedó sembrada para siempre en la memoria colectiva. ¿Fue realmente una fatalidad o una consecuencia directa de su osadía frente al poder? El testimonio de Larralde sobre los maltratos en el velorio y el cerco que le impusieron al cuerpo del artista aporta nafta a la hipótesis de que la muerte de Cafrune nunca pudo separarse del sistema de persecución cultural de la dictadura. A casi medio siglo del hecho, los secretos de esa noche siguen incomodando y demostrando que la herida del folklore profundo sigue abierta.













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