Desde la emoción de Lautaro Martínez por la cama que su mamá nunca dejó de tender hasta el «Enzo Niño» que Fernández lleva en sus muñecas, dos historias que muestran que el éxito nunca borró el origen.
La Selección es el tema de conversación recurrente en todos los rincones del país. Y todo lo que rodea a estos 26 jugadores, que están a un paso de convertirse en bicampeones del mundo, despierta interés y también invita a pensar.
Sin dudas, las gestas que logran estos deportistas generan un impacto superlativo no sólo por la envergadura de sus logros, sino porque detrás de muchos de ellos hay una historia en común. Una historia en común en la que muchos argentinos se sienten representados. Una historia en común en la que muchos de ellos crecieron en hogares con dificultades económicas, tuvieron que irse de sus casas para alcanzar sus sueños y encontraron en el potrero y en el «jugar a la pelota» un ADN que todavía los representa.
Hay muchas razones por las cuales estos jugadores generan admiración y sin dudas, su entrega deportiva es una de ellas. Pero el “niño” que llevan dentro, ese que salió del barrio, o de esa casa en donde muchas veces no alcanzaba para comer o para comprar los botines nuevos…. ese niño es el mismo niño que habita en muchos de estos jugadores y quizás por eso, cada rincón del país se siente representado por esta Selección. No sólo por su entrega, sino porque todos conocemos a esos niños que crecieron con sueños grandes en casas donde tal vez había hambre, pero nunca faltó la ilusión.
Y esa realidad volvió a quedar en evidencia en muchas ocasiones. Pero fue Lautaro Martínez quien, tras convertir el gol de la victoria frente a Inglaterra, dejó en claro que el niño que llevan dentro nunca se fue: sigue habitando en lo más profundo de cada uno de estos jugadores.
Con lágrimas en los ojos, confesó: «La primera vez que mi viejo me compró un par de botines, siempre soñé con hacer este gol. Para mi vieja, que desde el día que me fui de Racing jamás dejó de tender mi cama. Eso para mí vale más que un gol, que una final».
Quizás en la casa de Lautaro no sobraba nada. Pero sí había algo que no se puede comprar: el hambre de gloria. Esta Selección tiene hambre de gloria y se nota en cada actuación
El ex Racing recordó, después de uno de los goles más importantes de su carrera, a su mamá, a su papá y a ese niño soñador. Pero, paradójicamente, el otro autor de los goles frente a Inglaterra fue Enzo Fernández. Y mientras Lautaro habló de ese niño al finalizar el partido, Enzo lo llevó consigo durante los 90 minutos.
Tal como se puede ver en las fotos, Enzo lleva en sus muñecas una cinta con una palabra que funciona como un anclaje emocional. ¿Y saben cuál es? «Enzo Niño». Una técnica utilizada en Programación Neurolingüística (PNL) que consiste en recurrir a una palabra o símbolo capaz de conectar a una persona con un estado emocional determinado. En el caso del mediocampista argentino, todo parece indicar que ese estado es el recuerdo permanente del chico que alguna vez soñó con llegar hasta ahí.

No es casual que los dos jugadores que convirtieron un gol, en quizás uno de los partidos más históricos de la Selección Argentina, tengan presentes a esos niños que atravesaron dificultades pero que jamás dejaron de creer en sus sueños.
Quizás por eso esta Selección conmueve tanto. Porque mientras el mundo los mira como campeones del mundo, ellos siguen hablando desde el chico que alguna vez soñó con unos botines nuevos, una cama esperándolos en su casa y una pelota en el potrero. Y hay cosas que ni los títulos, ni el dinero, ni la fama pueden borrar.














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