El juicio más explosivo de los últimos años entra en su fase decisiva. Este lunes comienzan las indagatorias en la causa conocida como «Cuadernos de las Coimas», donde Cristina Kirchner se enfrenta nuevamente a la Justicia. La expresidenta está acusada de ser la jefa de una asociación ilícita que, según la investigación, montó una estructura para recaudar retornos de la obra pública a través de bolsos con dinero que circulaban entre despachos oficiales y departamentos privados.
El tribunal pondrá el foco en las anotaciones de Oscar Centeno, el chofer que detalló los recorridos del dinero, y en las declaraciones de los empresarios arrepentidos que confesaron haber pagado coimas para mantener sus contratos. Para Cristina, los cargos son pesados: se le imputa el delito de cohecho pasivo en reiteradas ocasiones, lo que, sumado a la figura de asociación ilícita, genera una expectativa de pena que podría superar los 10 años de prisión, además de la inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
Junto a la exmandataria, también deberán declarar figuras clave del esquema como Julio De Vido y otros exfuncionarios que formaban parte del engranaje de Planificación Federal. La fiscalía busca demostrar que el sistema no era una serie de hechos aislados, sino un plan sistemático de recaudación que funcionó durante más de una década. La defensa, por su parte, se prepara para insistir con el argumento del «lawfare» y la nulidad de las pruebas basadas en los manuscritos de Centeno.
Con las indagatorias, el juicio entra en una zona de alta tensión política y judicial. Mientras los fiscales preparan sus preguntas más incisivas, la mirada está puesta en si alguno de los imputados romperá el silencio para aportar nuevos datos que terminen de cerrar el círculo sobre la cúpula del poder de aquel entonces. La sentencia parece lejana, pero el desfile de nombres y acusaciones que arranca esta semana promete sacudir el tablero político nacional.














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