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UCR fracturada: acuerdos de unidad para «ahorrar» en internas y un destino dividido entre el kirchnerismo y la Libertad Avanza

El radicalismo atraviesa un proceso de reconfiguración interna marcado por una premisa clara: el partido es una cosa y la administración del Estado es otra. Bajo esta lógica, la UCR porteña logró sellar una «unidad estratégica» para el recambio de autoridades, un movimiento que busca evitar el desgaste económico y político de una elección interna, pero que deja al descubierto la profunda crisis de identidad de un partido que hoy navega de manera fracturada entre el kirchnerismo y la Libertad Avanza.

Mientras en la Ciudad de Buenos Aires se consolida un perfil crítico ante la agenda de la Casa Rosada, en el interior el panorama es opuesto. El caso de Rodrigo de Loredo en Córdoba es el ejemplo más nítido de esta desesperación por sobrevivir políticamente: el dirigente marca la cancha exigiendo reglas de juego a los libertarios, dejando en evidencia su intención de cerrar un acuerdo con el oficialismo nacional de cara a las próximas elecciones. Sin embargo, esta postura choca de frente con la realidad de la provincia de Buenos Aires, donde el kirchnerismo continúa repartiendo cargos estratégicos a sectores de la UCR para garantizar gobernabilidad y aceitar el camino de Axel Kicillof hacia el 2027.

Estas alianzas atomizadas demuestran una crisis en el sistema de partidos. La UCR ya no funciona como un bloque homogéneo, sino como un conjunto de facciones territoriales que priorizan la supervivencia presupuestaria. Jurídicamente, la conformación de listas de unidad es una herramienta válida para evitar el costo de las primarias, pero políticamente transparenta una debilidad: el radicalismo ya no lidera, sino que acompaña como «furgón de cola» a proyectos ajenos, ya sea por conveniencia administrativa o por pragmatismo electoral.

Esta fractura expone un radicalismo con dos caras. Por un lado, una dirigencia que pacta con el kirchnerismo para sostener estructuras municipales y provinciales; por el otro, figuras como De Loredo que, temiendo quedar fuera del nuevo armado de poder, presionan por una alianza con LLA. El resultado es un partido que, en su afán de «ahorrar» en internas, termina sacrificando su coherencia ideológica, quedando dividido en bloques que responden a intereses estatales contrapuestos.

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