San Francisco Solano es escenario de una tragedia desgarradora que, en las últimas horas, derivó en una disputa política tan insólita como indignante. Lautaro Servin, un adolescente de 17 años, fue asesinado a balazos por motochorros el martes por la mañana cuando caminaba junto a su padre hacia el colegio. Mientras el barrio llora al joven, los gobiernos locales de Quilmes y Almirante Brown quedaron envueltos en una polémica insólita, debatiendo en cuál de las dos jurisdicciones ocurrió el hecho para deslindar responsabilidades sobre la seguridad en la zona.
El brutal asalto tuvo lugar alrededor de las 7:40 en la intersección de las calles Rivadavia y Benteveo, una esquina que funciona justamente como el límite geográfico entre ambos partidos del Conurbano. Lautaro y su padre, Marcelo, fueron emboscados por delincuentes armados que se movilizaban en dos motos enduro. Tras un primer intento de resistencia donde el padre intentó proteger a su hijo, los asaltantes abrieron fuego.
El relato de Marcelo es de un dolor indigerible: detalló cómo los delincuentes amagaron con irse pero regresaron sobre sus pasos al grito de «está vivo, está vivo». En ese instante, Lautaro se tiró encima de su padre para cubrirlo y recibió los impactos letales en el tórax y en la espalda. Un vecino trasladó de urgencia al joven en una camioneta particular hacia el Hospital Oñativia, pero falleció en el camino en los brazos de su papá. Los delincuentes escaparon con total impunidad.
Mientras los vecinos de Solano exigen a gritos la instalación de garitas, patrulleros y corredores escolares seguros para cuidar a los chicos que entran temprano a la escuela, la respuesta institucional rozó lo ridículo. La frontera que separa a Quilmes de Almirante Brown se transformó en una trinchera burocrática para ver a quién le correspondía custodiar la cuadra. Por lo pronto, la causa judicial quedó radicada en la Unidad Funcional de Instrucción N° 4 de Almirante Brown bajo la carátula de homicidio, mientras la policía busca dar con los motochorros y el barrio mastica la impotencia de ver cómo la política se pelea por un mapa en lugar de cuidar a la gente.
















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