La reciente asunción de Leonel Chiarella como presidente del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR) ya registra sus primeros focos de conflicto interno. El actual intendente de Venado Tuerto, quien reemplazó a Martín Lousteau en la conducción del partido, debe gestionar ahora una interna con el bloque de diputados nacionales por el posicionamiento estratégico frente al Gobierno nacional.
Chiarella, de 36 años, se convirtió en el líder más joven en los 134 años de historia del radicalismo. Su llegada a la presidencia partidaria contó con el fuerte respaldo del gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y de otros mandatarios provinciales que buscan una impronta más cercana a la gestión y menos centrada en la discusión ideológica. Sin embargo, la convivencia con las distintas vertientes parlamentarias asoma como el principal obstáculo para consolidar una conducción unificada.
Desde su asunción en diciembre de 2025, el dirigente santafesino ha promovido una UCR moderna, protagonista y con vocación de gobierno. Chiarella enfatizó que el partido no debe hablar de «roscas» ni internas, sino concentrarse en resolver los problemas cotidianos de la gente mediante un método de gestión eficiente. No obstante, la disparidad de criterios en la Cámara de Diputados sobre cómo vincularse con la Libertad Avanza ha forzado esta primera pulseada de poder dentro del centenario partido.
En su discurso, el titular del radicalismo defendió el sentido común y la madurez política como ejes del debate público. Chiarella sostiene que el partido debe acompañar aquellas medidas gubernamentales que considere correctas, como la responsabilidad fiscal, pero también señalar aquellas en las que no haya coincidencia, sin que ello signifique caer en posiciones extremas. Esta postura intermedia es la que genera reparos en sectores del bloque legislativo, quienes pujan por una identidad opositora más definida o, en el caso contrario, un alineamiento más explícito.
La resolución de esta interna será clave para el futuro de la UCR de cara a los próximos turnos electorales. Mientras Chiarella busca imponer su «chapa» de gestor territorial con el aval de los gobernadores, la resistencia parlamentaria pone a prueba su capacidad de diálogo y construcción de consensos en una estructura partidaria que históricamente ha lidiado con fuertes divisiones de bloque.













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