La Libertad Avanza de quilmes, que la juega de «gorila», no sólo tiene distintos peronistas en su lista, sino que ahora se contradicen en el Concejo Deliberante defendiendo a las Madres de Plaza de Mayo mientras que otros las atacan.

El recinto de Quilmes fue testigo de un papelón que dejó al desnudo la ensalada ideológica que cocina Javier Milei en el conurbano. En plena sesión especial por el 24 de marzo, el concejal Leandro Goria, quien entró por la lista de La Libertad Avanza, rompió filas con el discurso oficial de su partido y se despachó con un elogio inesperado: “Hola madres, es un orgullo que estén acá presentes; falta encontrar más hijos. Hay que seguir luchando por los derechos humanos”, soltó ante la mirada atónita de sus propios compañeros de bloque.
La actitud de Goria no es casualidad, sino el síntoma de un pasado que lo condena ante los ojos de los libertarios «puros». El edil tiene un frondoso currículum en las filas del PJ: fue parte del gobierno municipal en los años 90 bajo el ala de Aníbal Fernández y, hasta el año pasado, reportaba directamente a Sergio Massa como titular del Observatorio de Víctimas en el Congreso de la Nación. Esta procedencia peronista explotó en el recinto cuando Goria pidió «valorar a la gente que está acá» (por las Madres), chocando de frente con la línea histórica que bajan Milei y Villarruel.
La reacción de los sectores más duros de LLA no se hizo esperar. En las redes sociales y en los pasillos del Concejo, a Goría lo tildaron de «kukardo» y de ser un infiltrado de Cristina Kirchner. Mientras tanto, sus compañeros de lista, como Osvaldo Rolón y Sabrina Morguen, que provienen del peronismo y de la UCR, quedaron en una posición incómoda, intentando sostener un discurso de derecha mientras uno de los suyos se deshacía en mimos para con el organismo de derechos humanos más emblemático del kirchnerismo. Por otro lado, nada pudo hacer la concejal tik toker, Estefanía Albasetti, que ataca a las raíces del peronismo (Perón y Evita) pero integró en las listas de LLA a justicialistas y kirchneristas.

Esta fractura expuesta confirma lo que muchos sospechaban: en Quilmes, la boleta de la libertad fue el refugio de varios cuadros del peronismo que hoy, sentados en sus bancas, no pueden ocultar su verdadera esencia. La contradicción es total: mientras una parte de la tropa ataca el legado de los 70, la otra parte —con Leandro Goria a la cabeza— se para a aplaudir a las Madres, dejando a los votantes de Milei preguntándose a quién le dieron realmente su confianza en las urnas.













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