Lo que debía ser una jornada de reflexión y homenaje institucional en el Concejo Deliberante de Quilmes terminó convirtiéndose en un ring de boxeo dialéctico. En la previa de un nuevo aniversario del 24 de marzo, la sesión especial por Memoria, Verdad y Justicia quedó envuelta en una fuerte polémica que dejó en evidencia la grieta que separa a los bloques locales.
El oficialismo, alineado con la gestión de Mayra Mendoza, buscó centrar el discurso en la reivindicación de las políticas de Derechos Humanos y el recuerdo de las víctimas de la dictadura en el distrito. Sin embargo, el clima se espesó cuando desde la oposición cuestionaron el uso «partidario» de la fecha. Los cruces no tardaron en llegar: mientras unos gritaban consignas históricas, otros reclamaban que no se utilizara la memoria para tapar la crisis actual.
La polémica subió de tono cuando se trataron proyectos locales vinculados a la señalización de sitios de memoria. Algunos concejales opositores denunciaron que el oficialismo «monopoliza» el sentimiento de justicia, mientras que desde el bloque de Unión por la Patria acusaron a la oposición de tener un discurso «negacionista» o, al menos, indiferente ante la gravedad de la fecha. Los cánticos desde las gradas y las interrupciones constantes hicieron que la sesión perdiera por momentos su carácter solemne.
A pesar de los roces y los discursos encendidos, la sesión logró concluir con la aprobación de varias resoluciones, pero el sabor que quedó en el recinto fue amargo. En un Quilmes donde la política se vive a flor de piel, incluso el consenso sobre el «Nunca Más» parece haber quedado atrapado en la lógica de la confrontación permanente.













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