El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quedó en el centro de la tormenta tras confirmar un dato que generó fuertes cruces en las redes y la política: su esposa, Bettina Beatriz Angeletti, formó parte de la comitiva oficial que viajó en el avión presidencial durante la última gira de Javier Milei. Ante la consulta de la prensa, el funcionario no tuvo más remedio que admitir la situación, aunque aclaró que lo hizo bajo la figura de «invitada» del Presidente.
La revelación cayó como un balde de agua fría en un contexto donde el Gobierno levanta la bandera de la austeridad y el recorte del gasto público. Mientras el eslogan oficial insiste en que «la casta» es la que debe pagar el ajuste, el uso de recursos del Estado —como el combustible y la logística del avión oficial— para trasladar a familiares de funcionarios abrió un debate ético difícil de esquivar. Adorni, sin embargo, intentó bajarle el tono al conflicto asegurando que la presencia de su mujer no representó un gasto extra para el erario público.
Desde la oposición y distintos sectores sociales, la respuesta fue inmediata. Se cuestiona si es éticamente correcto que, mientras se recortan fondos en áreas sensibles y se pregona el fin de los privilegios, el entorno íntimo del vocero disfrute de los beneficios del poder. Para muchos, este episodio se suma a una serie de designaciones de familiares en el Estado que contradicen el discurso de meritocracia y transparencia que el propio Adorni defiende cada mañana desde el atril de la Rosada.
El caso, que fue profundizado por medios como Página 12, vuelve a poner la lupa sobre los criterios de Milei a la hora de armar sus comitivas. Aunque el Gobierno insiste en que no hay ninguna irregularidad legal, el costo político de la foto familiar en el avión presidencial empieza a pasar factura en un clima social donde cada peso del Estado es mirado con microscopio.













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