El domingo, Argentina fue noticia alrededor del mundo. En Buenos Aires, durante la multitudinaria Media Maratón, se hizo historia: el etíope Yomif Kejelcha corrió los 21 kilómetros en 56:51 y estableció un nuevo récord mundial.
Quizás unos pocos, los más entendidos, habrían imaginado un escenario así. En el marco de una Media Maratón que batió su propio récord de participación, con más de 31.500 inscriptos, se gestó una hazaña en suelo argentino: nunca antes se había conseguido un récord mundial de atletismo en ruta en Sudamérica.
La magnitud de la carrera ya se anticipaba en las largas filas de los días previos al retiro del kit. Gente por doquier y miles de corredores llegaban al Parque Sarmiento para buscar la ansiada remera y el dorsal de esta multitudinaria competencia. En apenas dos días (viernes y sábado), la organización, a cargo de Ñandú y que tiene como sponsor principal a Adidas, tuvo el desafío de hacer posible que los más de 31.500 corredores retiraran su kit antes de largar el domingo.
Ya en los días previos en algunas calles de la ciudad, en los puntos neurálgicos de la misma, se podía anticipar el evento que se venía: vayas, escenarios, carpas y estructuras montadas días previos para que el evento fuera posible.
Pero más allá de los corredores y de la organización, este evento deportivo tuvo a dos grandes protagonistas: los atletas etíopes Yomif Kejelcha y Fotyen Tesfay, que llegaron a Buenos Aires como auténticas estrellas. Ronda de prensa, videos y todo un recibimiento con bombos y platillos para estos dos atletas, a quienes muchos califican como “extraterrestres” por sus rendimientos.
Fotyen ya había ganado la Media Maratón de Berlín 2025 en 1:03:35, estableciendo el récord del circuito y una de las mejores marcas históricas femeninas hasta ese momento. Llegó a nuestro país con las credenciales de ser la tercera mujer más rápida de la historia en la distancia y luego de debutar en el maratón de Barcelona, donde se coronó ganadora con una de las mejores marcas históricas.
Por su parte, Kejelcha, una estrella mundial sin dudas, venía de ser noticia por su participación en el Maratón de Londres, donde se había gestado otra jornada extraordinaria para el atletismo: tanto él como Sawe lograron bajar la barrera de las dos horas. El etíope había debutado en esa distancia y terminó segundo con un tiempo de 1:59:40/41, una marca que lo convirtió en protagonista del debut más rápido de la historia en maratón y de la segunda mejor marca histórica hasta ese momento.
Estas dos bestias del deporte le dieron un marco único a una Media Maratón que ya batía récords de inscriptos. La posibilidad de ver a atletas de ese nivel corriendo por las calles de Buenos Aires generaba una expectativa especial.
Pero, sin dudas, las miradas estuvieron puestas en el entrañable Kejelcha, que había confesado ser fanático del mate y de Enzo Fernández. El etíope estaba a punto de regalarle al país una jornada que quedaría en la historia.
Su zancada, su preparación física, su genética inigualable y todo un equipo por detrás que lo sostiene hicieron que ese día sea inolvidable para los amantes del atletismo.
Kejelcha comenzó a dar señales de que podía hacer algo extraordinario desde los primeros kilómetros de la carrera. En el kilómetro 7 se escapó del pelotón y comenzó una carrera en solitario. Con nada más y nada menos que 14 kilómetros por delante, el etíope ya empezaba a perfilarse para hacer algo de otro planeta.
Del kilómetro 10 al 20, el atleta sostuvo un ritmo promedio cercano a los 2:40 minutos por kilómetro. Pero para dar el golpe final, aceleró durante el último kilómetro y, sumado a un sprint maravilloso, Yomif completó el kilómetro 21 en 2:32. Es decir: en el tramo final logró correr nueve segundos más rápido que su ritmo promedio.
Más allá de los ritmos, el clima que se vivía en la carrera era fantástico. A través de los parlantes se anunciaba la posibilidad de un nuevo récord y la gente comenzaba a agolparse detrás de las vallas para ver a este extraordinario deportista hacer lo suyo: romper las barreras de lo común.

Corredores, simpatizantes, familiares: una infinidad de personas observaba a un atleta de otro nivel mientras hacía historia. Los propios corredores de la Media Maratón, cuando lo veían pasar, sacaban fotos y grababan videos porque sabían que estaban ante la presencia de una figura mundial.
Los últimos metros de Kejelcha fueron una fiesta. La gente alentaba al atleta y gritaba con fuerza: se estaba gestando una página de la historia del atletismo. Con una zancada que parecía no perder velocidad, el etíope cruzó la meta en 56:51 y derribó el récord anterior. Una marca conseguida en Buenos Aires que, en cuestión de minutos, recorrió el mundo.
Los grandes atletas hacen que el deporte mire hacia donde ellos están. Y el domingo, durante unos minutos, todas las miradas del atletismo estuvieron puestas en Buenos Aires. Que Kejelcha haya elegido estas calles para establecer un récord mundial eleva inevitablemente la vara de una Media Maratón que ya venía creciendo año tras año y que ahora busca ampliar su cupo a 35.000 corredores en la próxima edición.
Porque los grandes deportistas no sólo rompen récords: también transforman los lugares donde esos récords ocurren. Yomif Kejelcha llegó a Buenos Aires como una estrella mundial y se fue dejando algo más que una marca de 56:51. Dejó a una Media Maratón multitudinaria escrita en una página de la historia del atletismo mundial.















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