El Cementerio Municipal de La Plata fue escenario de un «funeral tumbero» para despedir a Tiziano Benjamín Videla, un adolescente de 15 años que falleció tras permanecer internado más de un mes debido a un ataque a tiros. La ceremonia, que incluyó la quema de una moto, bailes y música, se viralizó rápidamente en redes sociales, exponiendo una vez más la vigencia de estos rituales en los sectores periféricos de la ciudad.
El hecho que derivó en la muerte del joven ocurrió el pasado 22 de septiembre en la zona de San Carlos. Videla fue hallado con heridas de bala en la espalda y el glúteo, junto a un revólver calibre 32 y vainas servidas, lo que refuerza la hipótesis judicial de un ajuste de cuentas o enfrentamiento armado. A pesar de los esfuerzos médicos, una lesión medular lo dejó parapléjico y su cuadro se complicó hasta su fallecimiento.
Desde el ámbito legal, la causa que inicialmente se investigaba como «lesiones graves» será recaratulada como homicidio. La fiscalía ya tiene identificado a un sospechoso de 18 años, cuya situación procesal se agravó tras el deceso del menor. Los investigadores señalaron que la víctima contaba con antecedentes penales previos por robo y tenencia de armas, lo que enmarca el crimen en una disputa territorial o de bandas locales.
Este tipo de despedidas, caracterizadas por el uso de pirotecnia y rugido de motores, plantean un desafío para las autoridades de seguridad y el personal del cementerio. El caso de Videla vuelve a poner el foco en la violencia juvenil en los barrios vulnerables y la naturalización de la muerte violenta como parte de una identidad grupal que desafía las normas institucionales y las formas tradicionales del duelo.













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