En la historia reciente de la justicia penal argentina hay abogados que quedan asociados no por sus propias declaraciones, cargos o apariciones públicas, sino por los nombres de quienes decidieron confiarles su defensa. Fernando José Bertorello pertenece a esa categoría: un profesional de bajo perfil cuya trayectoria pública quedó marcada por haber representado a Raúl Enrique Granillo Ocampo, uno de los funcionarios más relevantes del gobierno de Carlos Menem, en una de las investigaciones que expusieron las zonas más controvertidas del poder político de los años noventa.
La figura de Bertorello no emerge como la de un dirigente político ni como la de un operador público visible. Su influencia conocida aparece en otro terreno: el de la defensa jurídica de quienes estuvieron en el centro de investigaciones por presuntos hechos de corrupción. En ese rol, su nombre quedó incorporado al expediente que investigó el sistema de pagos adicionales a funcionarios menemistas conocido como «sobresueldos».
El abogado del poder cuestionado
La defensa de Granillo Ocampo colocó a Bertorello frente a uno de los desafíos más sensibles del derecho penal argentino: defender a un integrante de una administración que quedó bajo sospecha por mecanismos de utilización de fondos reservados y distribución de dinero entre funcionarios.
Granillo Ocampo había sido secretario Legal y Técnico de la Presidencia, embajador en Estados Unidos y ministro de Justicia durante el menemismo. Su trayectoria política lo ubicó en el núcleo del poder ejecutivo de los años noventa y, posteriormente, en el centro de investigaciones judiciales que intentaron determinar la existencia de irregularidades patrimoniales y administrativas.
Bertorello asumió entonces una tarea jurídicamente clásica, pero políticamente significativa: construir una estrategia defensiva para cuestionar la acusación contra un exministro. La defensa sostuvo, entre otros argumentos, que los fondos cuestionados no habían sido sustraídos de la administración pública y discutió la aplicación de la figura penal atribuida a su cliente.
Una defensa técnica en un expediente de alto voltaje político
Los abogados defensores suelen ocupar una posición incómoda en causas de corrupción: su función consiste en garantizar el debido proceso de personas acusadas, incluso cuando los hechos investigados involucran una fuerte condena social.
En el caso Bertorello, esa tensión resulta evidente. Su actuación no lo convirtió en protagonista político del menemismo, pero sí lo vinculó directamente con la defensa judicial de uno de sus principales exponentes cuando ese espacio político era revisado por los tribunales.
La documentación judicial muestra su participación en recursos y planteos procesales destinados a proteger los intereses de Granillo Ocampo, incluyendo cuestionamientos sobre medidas patrimoniales adoptadas en la causa.
El silencio como estrategia
A diferencia de otros abogados penalistas que construyeron notoriedad pública mediante entrevistas, columnas periodísticas o participación institucional, Bertorello mantuvo un perfil prácticamente invisible fuera de los expedientes.
Ese bajo nivel de exposición genera una particularidad: resulta difícil reconstruir una identidad profesional independiente del caso Granillo Ocampo. La información pública disponible muestra principalmente actuaciones judiciales, pero no una carrera académica, corporativa o mediática comparable con la de otros defensores de figuras políticas argentinas.
La pregunta incómoda: ¿abogado de ocasión o representante de una élite política?
La trayectoria pública de Bertorello plantea una pregunta frecuente en el análisis del sistema judicial argentino: cuál es el papel de los abogados que aparecen asociados a las defensas de funcionarios poderosos cuando estos enfrentan investigaciones por corrupción.
Una lectura crítica podría señalar que este tipo de defensas forma parte de una estructura jurídica que permite a antiguos integrantes del poder político sostener prolongadas batallas judiciales mediante recursos técnicos, estrategias procesales y discusiones jurídicas complejas.
Otra lectura, desde la perspectiva del derecho penal liberal, sostiene que incluso quienes ocuparon posiciones de poder tienen derecho a una defensa profesional rigurosa y que cuestionar al abogado por la identidad de su cliente supone desconocer la función esencial de la abogacía.
Un nombre menor en una causa mayor
Fernando José Bertorello no aparece en la historia pública argentina como un protagonista político, sino como una figura lateral de un expediente central. Su relevancia deriva de haber ocupado un lugar estratégico dentro de una defensa vinculada a uno de los capítulos más controvertidos de la relación entre política, dinero público y justicia.
Su legado público queda así condicionado por una paradoja: cuanto menor fue su exposición personal, mayor fue la importancia institucional del caso que lo llevó a los registros judiciales.















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